
Un día, el emperador visitó la casa de Afanti para demostrar su preocupación por la vida del pueblo.
– Llévame a ver primero tus tierras.
– Las tierras cultivadas están totalmente controladas por los aristócratas -contestó Afanti.
– ¿Y los cereales cosechados?
– Los hemos entregado al Palacio Imperial.
– ¿Por qué tu casa no tiene techo?
– Fue destruido por el rico de nuestra aldea.
– ¿Dónde están tus muebles?
– Han sido embargados por el mufti.
– Y tu hijo, ¿dónde se encuentra?
– Se suicidó por la presión del señor funcionario del distrito.
– ¡Cómo! ¿Y tu esposa?
– Se ha escondido, temiendo que su Majestad se enamorique de ella.
– ¿Cómo te atreves a decirme tales mentiras?
– No miento, Majestad. Todo cuanto le he dicho es cierto -concluyó Afanti-. Yo sé que usted no se enfadaría si fueran mentiras.
Esta breve historia forma parte de la cultura popular china y fue escrita hace varios siglos.
Llama la atención cómo las condiciones de los gobernantes hacia sus gobernados no han cambiado durante milenios.
Aún podemos asegurar que la única forma de mantener feliz a un emperador o emperatriz (aunque provenga de un pueblo como Tacoaleche), es halagándola y no contradiciendo sus órdenes.
Aquí caben un par de preguntas, a modo de reflexión: ¿No resulta más peligroso sólo ver aciertos, aun cuando éstos sean ficticios? ¿No es mejor ver la realidad y aceptar la crítica para mejorar los resultados?
Etiquetas: política, relato, zacatecas
Este artículo fue publicado un Viernes, 25 de Abril del 2008 a las 18:40 hrs.
Natalia comenta:
El 28 de Abril del 2008 a las 16:47 hrs.
Siempre la realidad supera a la ficción, que lástima que el cuento “Por Amor a Zacatecas” se palpe día con día.