
En el primer cuatrimestre del año, la escalada de precios en los productos básicos, como huevo, leche, pan, aceite y demás, es tremenda. Actualmente ni un buen salario ni un mal salario alcanzan.
Sin embargo, todos quienes nos vemos afectados por este inmisericorde aumento en los costos de lo que mínimamente necesitamos para vivir, nos mantenemos con los brazos cruzados sin decir ni nada, aguante y aguante vara.
Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que somos una sociedad conformista que sólo sabemos quejarnos en las sombras, tras los muros de nuestras casas y entre compañeros de trabajo.
Aunque cabe la posibilidad de que estemos en espera del gran salvador, del gran líder que luche por los derechos del sector obrero o que resucite Fidel Velázquez, porque a eso estamos acostumbrados, a que otros vayan y peleen por nosotros.
Éste es el papel que deberían jugar los sindicatos, en lugar de agradecer a los gobiernos federal y estatal durante la celebración del Día del Trabajo.
Pero no, los trabajadores sindicalizados visten, o disfrazan, a sus agremiados con una gorra, una playera, un pants y una sudadera para que desfilen sin ganas, desmotivados por las calles para agradecer la magnificencia gubernamental que les brinda una fuente de empleo.
Esto demuestra y reafirma lo dicho, los sindicatos son para los líderes, no para cuidar a los trabajadores.
El problema es si los trabajadores están interesados en ser cuidados por los sindicatos.
Etiquetas: educación, sindicatos
Este artículo fue publicado un Viernes, 2 de Mayo del 2008 a las 18:44 hrs.