
Autoridades culturales del estado siguen apostando todo para evidenciar su ignorancia al pretender “regular” las actividades de los jóvenes graffiteros que mantienen asolados algunos de los edificios públicos de la capital.
Para tal fin se llevó a cabo hace poco un evento en el congreso de Zacatecas, por medio del cual se pretende, cito el boletín: “Generar un programa integral que garantice la libre expresión de todos los ciudadanos, particularmente de los jóvenes, pero que al mismo tiempo garantice el cuidado y protección de nuestro patrimonio”.
En otro contexto, dicha propuesta es descuidada, absurda, como la mayor parte de los planteamientos que el gobierno tiene en materia de cultura para las comunidades residentes en la capital del estado (¿tiene alguno verdaderamente?).
Porque siempre que se meten a desfacer entuertos salen averiados por las aspas del molino de una realidad que por incapacidad o indiferencia o por ambos elementos juntos, les impide comprender el proceso de inconformidad juvenil en las sociedades modernas. O lo que es lo mismo, a los encargados de facturar ese tipo de “documentos” no se les va una, se les van todas…
En primer lugar, resulta curioso que desde el Legislativo local haya urgencia por “frenar sin castigar” a los jóvenes graffiteros que pintan los muros de las casas y edificios en una ciudad que se ganó el honroso título de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1992, pero que en diversas ocasiones se ha empeñado en despedazar.
Ahora resulta que estas buenas samaritanas, a punto de naufragárseles la canoa, apuntan la mirada hacia las decenas de muchachos que, procedentes de barrios pobres, pintan las paredes de Zacatecas.
Añade el boleto que: “Antes de endurecer las posturas restrictivas, es (sic por la comota antes del verbo) mejor impulsar el desarrollo de programas (más) en el orden orientador, preventivo, (incluso) en el orden educador. Y así por el estilo ordenador, invitativo e ilustrador (la cita es mía) para que los adolescentes zacatecanos y las adolescentas también, dejen de ser rijosos, mal educados, no pintarrajean una urbe que ha sido hermoseada por propios y extraños, porque se ve muy mal, deveras muchachos, que la rayen y desfiguren.
Hablan, además, de urgencia “para aplicar medidas preventivas, orientadoras, promotoras e integradoras de este sector (¿cuál?) de la sociedad, como sucede en otras Entidades (¿cuáles?) “donde se generan políticas públicas de esta naturaleza” (la voz de la ecología preside el reino de los cultos metidos a reguladores de leyes para perdonar a los jóvenes y las jóvenas de Zacatecas que en lugar de perderse estudiando en los libros, han decidido que lo suyo es el desorden, la vagancia y hasta el arte mural aunque de madrugada les haya pasado por la cabeza el nombre de Los Tres Grandes).
Plantean, asimismo, “la posibilidad de instrumentar un programa estatal para el desarrollo cultural de estos grupos específicos de jóvenes”. Y es ahí cuando tal especificidad se les hace pegamento en las manos, el mismo que aspiran decenas de muchachos y muchachas en las esquinas de un barrio, como la Díaz Ordaz, donde la calle amanece todas las mañanas con botes de resistol, porque, para empezar, habría que preguntarle a los siervos de la gobernadora metidos en esa complicada maraña, si alguna vez en su vida, y desde sus cómodas y flamantes oficinas han intentado siquiera comprender, estudiar, analizar, ¡queridos maestros! el problema de la juventud descarriada de Zacatecas.
¿Alguna vez por la mente les ha pasado lo que es el grafitti, queridos semiverdugos, aprendices de tutelar? ¿Saben acaso, cómo, cuándo y dónde se originó? ¿Entienden siquiera algo de sus orígenes en el arte pop norteamericano de los 40? ¿Piensan que al incorporar a un grupo de chiquillos y chiquillas a sus “proyectos culturales”, éstos, ipso-facto, habrán sucumbido ante la irresistible tentación de posar con Amalia en la foto?
Ustedes, que cachondean, que disfrutan halagando a un grupo de cuatro o cinco plásticos célebres en el condado, ¿piensan que deveras ya se pueden ir al cielo por haber ‘graduado’ a esa runfla canallada de graffiteros que no tienen espacios dignos para divertirse, para reunirse?
Encima, como izquierdosos, su discurso muy acomodaticio, muy pequebú, muy de hacer bobos a quienes, como ustedes, pueden convertir en historiadores de arte a aquellos que se hallan muy cerquitita de la estructura de poder.
Para rematar, el boletín dice: …”existen recursos financieros para el desarrollo del programa y con el apoyo de la Legislatura se puede generar un fondo que involucre al gobierno federal, al Estado y a los municipios”.
O séase que se trata, dice mi comadre Ohlalá, de generar una nueva superestructura millonario-burocrática que, como en otros casos, únicamente los beneficie a ustedes; no, po’stá chira su propuesta, carnales…
Este artículo fue publicado un Jueves, 15 de Mayo del 2008 a las 19:28 hrs.
Tim Ramsey comenta:
El 15 de Mayo del 2008 a las 20:20 hrs.
I recently came accross your blog and have been reading along. I thought I would leave my first comment. I dont know what to say except that I have enjoyed reading. Nice blog.
Tim Ramsey
Conexum comenta:
El 17 de Mayo del 2008 a las 12:34 hrs.
Muy buena opinion yo creo que en vez de gastar recursos del estado en crear programas especiales para estos pandilleros deberian utilizarlos en crear una mejor educacion en escuelas y enseñar como es el verdadero arte y la forma correcta de manifestar ideas o tambien pensamientos artisticos.
Uno de los problemas que yo veo en la ciudad donde vivo es que la gente no denuncia estos actos de pandillerismo sabiendo que es nuestra obligacion hacerlo sin importarnos de si nos hara caso la autoridad. Te agradeceria mucho que pases por mi blog y ya me dices que piensas de el o que onda jeje
Saludos de:
Conexum. “Conectando ideas jovenes”