
Leí hace poco la reseña del musicólogo e investigador Paolo Mello, quien escribió en un periódico nacional un artículo dedicado a Manuel M. Ponce (1882-1948) denominado “Continúo siendo el romántico de siempre”.
En él, se da cuenta de uno de los últimos CD grabados por el músico tamaulipeco Sergio Cárdenas, llamado justamente Ferial, en homenaje al músico fresnillense, despreciado aquí, en su propia tierra natal.
Llama la atención que sea de nuevo Sergio Cárdenas, uno de nuestros directores de orquesta más destacados, quien justamente se haya dado a la tarea de editar un nuevo CD para honrar la memoria, pero lo que es mejor, la obra sinfónica de un gran compositor mexicano.
Como siempre, puede más quien observa y espera pacientemente el momento ideal, agazapado, para saltar sobre la liebre y reír abiertamente sobre la enorme cantidad de atrocidades que en materia cultural se pueden cometer en Zacatecas pero también el resto del país, en contra de la música, como el caso nos que ocupa.
Lamentablemente las atrocidades no ofrecen muchas oportunidades de reír a aquellos que la historia ha albergado en pañales de seda por su producción, por su creación estética e intelectual, sobre todo cuando han sido objeto de un reiterado y pernicioso olvido por todo tipo de autoridades.
Mello documenta en su texto que la obra de Ponce abarca diversas etapas de la historia musical mexicana, ya que si bien se trata de un autor que nace cuando el romanticismo europeo muere, pronto aprende a explotar las ricas vetas sonoras de la canción popular mexicana, que entremezcla en sus mejores obras camerísticas y sinfónicas con un sutil aderezo nacionalista.
Pero no es lo único en su favor, sino que a lo largo de su carrera como compositor, Ponce toma lo mejor de la música popular de las naciones en las que recibe educación musical, como en los casos de Francia y Cuba.
El CD de Cárdenas viene así a abrir un encantadora propuesta sobre uno de los autores que, como en el caso de sus otros colegas, sigue siendo despreciado por la convicción de que la música romántica europea siempre fue, en múltiples sentidos, mejor a todo los esfuerzos de Revueltas, Chávez, Moncayo, Galindo y Ponce.
El compositor guarda, desde el punto de vista de su rica estética, musical una profunda cercanía con el modernismo mexicano; esto es, sus partituras rozan los linderos de su gran coterráneo Ramón López Velarde en la cita de exquisitas joyas poéticas que lo ligan, además, a la obra pictórica del otro gran colega: Saturnino Herrán.
Su universo sonoro está relacionado con un México antañoso que deleitaba a nuestros abuelos en las alamedas de principios del siglo pasado cuando las bandas ofrecían serenatas, pero su música no es únicamente una estampa provinciana dominical; por el contrario, Ponce escribe una profusa cantidad de obras que merecen una aproximación libre de prejuicios.
Su vasta producción para piano y voz merece ser estudiada porque a partir ahí, los compositores posteriores a su presencia compondrán de otra manera, verán de modo diferente el mundo que les tocó vivir.
Si en su juventud, vía la propuesta positivista, se integrará al Grupo Ateneísta, integrado por Diego Rivera, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Antonio Caso y otros personajes ilustres, no es menos cierto que al triunfar la Revolución, Ponce procurará escribir una música que se da el lujo de desentrañar parte de la esencia de la “mexicanidad”.
Lo logra a su manera, mediante diversos procedimientos de composición; va de un lado a otro y en todos ellos se demuestra a sí mismo que puede ser su propio maestro.
Su generación es la de hombres y mujeres que nacieron para destilar talento; él es una pieza fundamental en todo ese proceso, y logra consolidar una estirpe de alumnos que darán mucho de qué hablar en periodos subsecuentes. Uno de ellos es sin duda Carlos Chávez, que cimbrará, al lado de Silvestre Revueltas, los cimientos de la inventiva nacionalista musical mexicana.
Pero eso a quién le importa, pues aquí, en el Instituto de Cultura ni por enterados se dieron que este 2008 celebramos el 60 aniversario luctuoso del autor, por lo que ni conferencias ni discos grabados, ni nuevas investigaciones publicadas serán hechas para recordarlo como uno de nuestros mejores compositores.
¿Para qué?, si finalmente a casi todos los eventos que asiste la gobernadora con su corte de ilusos se escucha la meliflua voz de una locutora local quien refiere engolada: “Ahora, escuchemos Lejos de tí y Estrellita de Manuel M. Ponce”, como si se tratara de las dos únicos obras que escribiera el maestro de Fresnillo.
Este artículo fue publicado un Martes, 10 de Junio del 2008 a las 22:57 hrs.